En su cuarto año de Ingeniería Comercial con mención en Administración de Empresas en la Universidad de Santiago de Chile, Melanie Carroza se ha convertido en una de las voces más activas del ecosistema emprendedor estudiantil. Su paso por la Usach no solo ha marcado su formación académica, sino que también ha sido el punto de partida para una serie de proyectos, aprendizajes y conexiones que hoy definen su camino profesional.
Desde los primeros días en la universidad, literalmente desde su primer amanecer en el campus, después de viajar desde Lampa para evitar los tacos, Melanie descubrió que el emprendimiento era un camino posible. Una conversación casual con un estudiante de Ingeniería Civil Ambiental sobre una idea de proyecto se convirtió en su primera aproximación al mundo del emprendimiento. “Déjame aprender algo antes”, recuerda haber dicho con humor aquel día, justo antes de enfrentarse a su primer ramo: Introducción a la Administración, que exigía elaborar un plan de negocios. Esa coincidencia selló el inicio de un camino que no ha dejado de recorrer.
La carrera, afirma, ha sido clave para desarrollar habilidades esenciales en el ecosistema emprendedor, especialmente aquellas vinculadas a la comunicación, el trabajo en equipo y la creación de soluciones innovadoras. Cursos como plan de negocios, costos y marketing le permitieron comprender las bases necesarias para transformar una idea en un proyecto real. Uno de los ramos que más la marcó fue precisamente la elaboración de un plan de negocios, experiencia que considera muy cercana a los procesos reales de postulación a fondos para startups.
En su trayectoria dentro de la Usach ha logrado importantes distinciones, entre ellas dos victorias en el concurso Despega Usach, cada una con proyectos muy distintos. El primero, Compostcashi, es un biofertilizante elaborado a partir de residuos agropecuarios y orgánicos, enriquecido mediante un sistema de alimentación biológica. Se trata de un proyecto que Melanie atesora profundamente, pues combina los componentes social, ambiental y económico que, según afirma, todo emprendimiento debiera integrar. El segundo proyecto, Kay Kay, surgió durante el Rally Latinoamericano de Innovación y consiste en un dispositivo de ondas ultrasónicas para ahuyentar animales peligrosos, especialmente serpientes, sin causar daño ni alterar su ecosistema. Este desafío, que implicó trabajar durante 28 horas sin descanso, fue una verdadera escuela de trabajo en alta presión.
Su crecimiento no se ha detenido. El pasado 4 de noviembre, Melanie participó con un equipo interdisciplinario en el Innova Challenge de la Universidad de Chile, instancia que resultó en un nuevo triunfo. Trabajó junto a estudiantes de distintas instituciones y perfiles, desde programadores y periodistas hasta ingenieros comerciales, en un ambiente que describe como colaborativo y enriquecedor. El desafío consistió en identificar un problema dentro del emprendimiento de un participante y proponer una solución innovadora basada en métricas y análisis de datos. La capacidad del equipo para pensar desde la experiencia del usuario fue, a su juicio, la clave del éxito.
Para Melanie, uno de los mayores valores del ecosistema de innovación es la red de contactos y aprendizajes que se forma en el camino. Nombres como Lukas Jancidakis, Álvaro, o el profesor MBA UC y mentor Ariel Matus, quien también es Ingeniero Comercial Usach, aparecen como parte importante de su trayectoria. Cada programa, cada conversación y cada desafío, afirma, le ha permitido crecer y proyectarse.
Actualmente, Melanie combina distintos frentes: realiza una pasantía en HazelAdd, trabaja en reactivar Compostcashi y participa activamente en el Club de Emprendedores de la Usach, espacio que valora por su capacidad de conectar a estudiantes con actores del ecosistema nacional.
De cara al futuro, sus metas son claras: quiere seguir vinculada al emprendimiento y proyecta convertirse en una especie de “MIIDO de la Usach”, inspirada por el trabajo de Nicolás Castellón, fundador de MIIDO, a quien conoció a través del programa Despega. Su referencia no es casual: admira cómo este proyecto asociado a la agricultura ha logrado reconocimiento internacional y espera seguir un camino similar.
A los estudiantes que sienten el deseo de emprender pero aún no se atreven, Melanie les deja un mensaje directo: “Que lo hagan. La universidad es el mejor lugar para intentarlo; si fallan, aprenden, y si aprenden, crecen. El ecosistema está para acompañarlos. Una vez que te pica el bichito de emprender, es difícil que se te quite”.
